quarta-feira, 16 de outubro de 2013

Sobre el placer de regalar...



Qué lindo es poder darles a mis amigas algo hecho por by me, pero mucho más lindo es ver la cara de felicidad de ellas cuando reciben el paquete o cuando lo abren. Hace mucho tiempo me convencí que los regalos son una vía de doble mano y que sólo tienen sentido cuando se dan y reciben con cariño. De nada sirve dar algo por la simple obligación de dar porque, simplemente, no te alimenta.
Buscando en internet las causas de ese bienestar encontré lo siguiente: 

Es fácil entender el porqué recibir un regalo nos hace tan felices: es señal de que eres querido y además ganas el regalo propiamente tal, una novedad interesante, algo que le encanta a todo cerebro. Pero, ¿Por qué dar un regalo también es tan bueno?

Por la lógica racional, dar un regalo cuesta tiempo y dinero, y no nos trae ningún beneficio directo.

¿Será tan así? Para la neurociencia regalar trae no sólo beneficios al cerebro. La primera recompensa para quien regala es la sonrisa en el rostro de quien recibe el paquete. La sonrisa deja a la persona regalada aún más bonita a los ojos de nuestro cerebro. El cerebro registra la sonrisa del otro activando el córtex órbito frontal, en la frente, entre los ojos. Como esa parte del cerebro representa el valor positivo de los hechos, la belleza de la sonrisa del otro, sobre todo si ello ocurre por nuestra causa, ya es un placer.

Segundo beneficio: al ver la sonrisa en el rostro de la persona que recibe el regalo, nuestro cerebro también nos hace sonreír. Ocurre así: sonreímos cuando vemos a alguien sonreír de felicidad porque eso activa neuronas-espejo en el córtex pre-motor, que por imitación, colocan una sonrisa en nuestro rostro. Junto con la sonrisa vienen una serie de cambios en el cuerpo, también provocadas por el cerebro. Nos sentimos mejor, más livianos y más felices.
Pero lo más impresionante es que nos empezamos a sentir bien mucho antes de entregar el regalo. La simple decisión de hacer hoy el bien de mañana ya es suficiente para activar el sistema de recompensa y también el córtex órbito frontal, el representante del lado positivo de las cosas. Eso ocurre mucho antes de ver cualquier sonrisa en el rostro del otro.
Esa activación anticipada nos da placer, aun cuando hacer esto tenga un costo en dinero y tiempo. Para los escépticos, el placer que nuestro cerebro siente al decidir hacer el bien sería una prueba de que no hacemos nada que no nos entregue un beneficio. Sin embargo, muchos de nosotros sabemos que nuestro cerebro podría “no pescar” en lo más mínimo la posibilidad de hacer el bien a los otros, pero le importa. Y con eso todos ganamos, el que da y el que recibe.
 

Pensando en la felicidad de dar, este domingo estuve montando algo para darle a mi amiga y compañera de trabajo Dayana. Hace unas semanas le pregunté el color de su cocina y de la mesa. Ella me contó que todo era negro y rojo. Entonces, con las chicas del trabajo le regalamos un kit de cerámica para fondue en rojo y blanco. Precisaba pensar en algo fácil porque estoy con tiempo bastante reducido. Estuve pensando en esos colores y decidí aventurarme a hacerle un juego de individuales.




Como les conté en el post anterior, utilicé restos de una colcha que hice para mi hijo cuando volvió de su intercambio en Bélgica. Como eran tiras, le adicioné el rectángulo faltante (elegí un cuadrillé en tonos de negro, gris y blanco) y le puse un fondo con unos Kanji (palabras) en japonés. Para finalizarlo, le hice quilt a máquina (libre) y le puse un bies en tela negra. 

Al montar el sandwich, como comenté en el post anterior utilicé un aerosol adhesivo temporario de la 3M. Me pareció mágico porque en estos momentos de falta de tiempo no precisé hilvanar para poder montarlo. A la hora de quiltear no se corre, así que lo recomiendo.

Para terminar, doblé los individuales, los envolví en papel de seda y los coloqué en una caja que até con un lazo de cinta de muselina.
No quedó lindo?????

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